De entre los grandes logros de la humanidad en lo concerniente a la investigación y exploración espacial, sin duda uno de los más importantes es la creación de la Estación Espacial Internacional, o EEI (ISS por sus siglas en inglés).

La EEI es, hasta el momento, el objeto construido por la humanidad más grande que haya jamás entrado en órbita alrededor del planeta Tierra. Dependiendo del momento del año, la EEI puede ser observada desde diferentes partes de la superficie terrestre, lo cual suele ser un evento para los aficionados a la observación espacial.

Esta estación se encuentra tripulada de manera ininterrumpida desde el año 2000, y su creación y actual funcionamiento es el producto de la cooperación entre varias agencias espaciales de diferentes países, entre las que destacan la NASA, de los Estados Unidos, y la Agencia Espacial Federal Rusa, también conocida como ROSCOSMOS.

Creación y mantenimiento

El origen de la EEI se remonta a fines de la década de 1990, varios años después del final de la Guerra Fría que enfrentó a los Estados Unidos y la Unión Soviética en el ámbito de, entre otras cosas, la exploración espacial.

Los comienzos de la EEI se encuentran en el módulo espacial Zaryá, de origen ruso. La colaboración se consolidó a comienzos de la siguiente década, y hacia el año 2002 la EEI ya contenía componentes provenientes de diferentes agencias espaciales, incluyendo Canadá y la Unión Europea. Otras agencias involucradas con la operación de la EEI incluyen a JAXA, la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial, además de las agencias nacionales de Brasil e Italia.

La EEI consta de distintos componentes, muchas veces fabricados por diferentes agencias espaciales, que cumplen diversas funciones. Esto incluye módulos presurizados o no presurizados, brazos robóticos, y paneles fotovoltaicos para la utilización de energía solar, entre otros. La estación está diseñada para poder continuar incorporando nuevas partes a lo largo de su vida útil.